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¿Cómo ser ilustradora ó ilustrador?, ¿qué tengo que hacer?, ¿por dónde empiezo?. Esas son preguntas que a menudo me han llegado a hacer por redes sociales. Y, si os digo la verdad, no hay un camino, no hay una fórmula fija, no hay una serie de acciones que hagas y de repente te empiecen a llover encargos. Por eso, cuando me las hacéis, en muchas ocasiones no sé ni qué responder. En mi caso hay muchos años de trabajo, perseverancia, y cabezonería, sobre todo esto último. Cada ilustradora ó ilustrador al que preguntes te contará una historia diferente, de modo que hoy os voy a contar la mía, por si os pudiera servir de algo.

Cómo llegué a ser ilustradora

Creo que cualquier persona que se dedique a la ilustración o a otras profesiones artísticas os dirá que desde pequeños han dibujado. Eso lo hacemos todos, solo que en mi caso es algo que nunca dejé de hacer. Me gustaba y era una forma de expresarme y de dar forma muchas veces a cómo me sentía. Acabé estudiando Bellas Artes, aunque luego no sabía muy bien qué utilidad tendría. Fue al cursar la optativa de ilustración cuando vi que aquello me gustaba, y que además había gente que vivía de ello, y me dije: ¿por qué no intentarlo?.

Aunque comencé a estudiar en Altea, cambié gaviotas por cigüeñas y me fui a Salamanca. Recuerdo aquello como una época de crecimiento personal y, sobre todo, me di cuenta de cómo debía enfocar las cosas y qué pasos seguir para alcanzar objetivos y empezar a moverme como ilustradora en un futuro. Digamos que aquella etapa fue un gran quiebro en mi vida y me abrió mucho los ojos, me hizo espabilar. No sé qué hubiera sido de mi si en ese momento no hubiera dado aquel paso.

Al terminar Bellas Artes volví a mi pueblo y me dediqué a preparar un portfolio enfocado principalmente a libro de texto, que por aquel entonces era donde mejor podía encajar el trabajo que hacía. Y, como tenía que ahorrar dinero, también trabajé de dependienta. Fue a finales de 2009, en pleno estallido de la crisis, cuando me dejé el trabajo estable, me lié la manta a la cabeza y me mudé a Madrid, con la intención de mostrar el portafolio a posibles clientes y estar allí unos meses. Mucha gente de mi entorno, familia incluida, se echó las manos a la cabeza cuando tomé la decisión. Pero estaba claro que mi camino no era quedarme en un trabajo que odiaba sólo por la supuesta estabilidad de tener un sueldo a final de mes (que por cierto, tampoco era para tirar cohetes).

Al llegar a Madrid, además de mover el portfolio por editoriales, hice un curso de diseño y gráfica publicitaria para formarme un poco mejor. Los primeros encargos que me salieron los compaginaba con prácticas de diseñadora gráfica en distintas empresas, y más tarde trabajando como maquetadora de revistas. En 2013 aproveché que hacían un ERE en la empresa para apuntarme como voluntaria a salir, pues empezaba a tener un volumen de encargos que me era imposible compaginar. Así que se puede decir que desde 2014 me dedico prácticamente en exclusiva a ilustrar.

Mi estancia en Madrid se puede comparar con la famosa frase de me tomo una y me voy: fui con la idea de quedarme sólo unos meses, hasta acabar el curso, y la cosa se lió hasta casi los ocho años. Aunque le tengo mucho cariño a Madrid y fue una de las mejores experiencias que he vivido, a día de hoy no volvería a vivir en una ciudad tan grande. Hice muchos amigos (a los que echo de menos), fui a muchísimos conciertos y festivales, me enamoré de calles, fachadas y edificios bonitos… Pero ahora mismo valoro el vivir más despacio. En un futuro, ¿quién sabe?.

En 2017 me planteé cambiar de aires y me mudé a Valencia. Estaba cansada de una ciudad tan grande y además quería estar más cerca de casa, de mis raíces. Así que huí del centro y me fui a vivir cerca de la huerta. Además, lo primero que hice fue comprarme una bici. Ahora trabajo dibujando mucho y con Tiza la becaria cerca pidiendo amor, o comida (más bien lo segundo). 

Ahora mismo, trabajo principalmente ilustrando para niños, sobre todo libros infantiles, de texto, y material didáctico. En mi opinión, no se llega a ser ilustrador de la noche a la mañana, es un proceso muy lento que dura años, en el que tienes que trabajar muy duro, moverte, hacer contactos, lidiar con inseguridades y con crisis creativas, tener picos de trabajo elevados en los que no tienes tiempo para nada, pasar temporadas sin que te entre nada y pelear con esa incertidumbre y ansiedad… No todo el mundo vale para esto, a día de hoy aún sigo pensando si yo valgo o acabaré tirando la toalla en algún momento (que ganas me dan). De momento aquí sigo, resistiendo y peleando.

Pues bien, esto es todo por hoy. Y vosotros, ¿cuál ha sido vuestro camino?. Me encantará leerlo en comentarios.

Un comentario en “Cómo llegué a ser ilustradora”

  1. Hola Mar!
    Soy Ana, gracias por compartir esta entrada me ha gustado mucho leerla. Hay algunas cosas en las que me he sentido identificada, como que me gusta dibujar desde que soy pequeña, que estudié gráfica publicitaria en 2005, que estuve unos meses en un estudio de diseño gráfico…
    El primer cuento que hice fue en 2010, lo hice en un ordenador prehistórico, con una maquetación apoteósica y unas ilustraciones mejorables a tope, pero lo hice con tanto cariño que se perdona… Lo saqué en una imprenta y fue un regalo para mi primera sobrina,. Después llegaron más cuentos, con el mismo ordenador, sacados en la misma imprenta, mejor maquetados y las ilustraciones más evolucionadas, eso sí, las mismas ganas y el mismo disfrute.
    Espero poder decir un día, no puedo salir porque tengo trabajo que entregar, trasnochar a la luz del flexo, o poder quejarme por lo poco o tarde que pagan. De momento sigo a mi ritmo, con más pausa de lo que debería, sin prisa, pero sobre todo, sin abandonar, disfrutando y aprendiendo siempre.
    Un beso Mar!!!

    Ana.

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