Hoy, día 2 de junio, habrán pasado ya 82 días desde que nos confinamos en casita por la pandemia del coronavirus. Aquí ya estrenamos ayer la fase 2 y desde hace días se puede ir a los bares y todo eso. Realmente, lo único que estoy haciendo es salir a hacer alguna compra y pasear temprano con Púa por la huerta. Y voy temprano para evitar que haya más gente, por donde vivo la mayoría van sin mascarilla y sin respetar distancias, y me agobia bastante. Ya he asimilado que no puedo controlar ese tipo de comportamientos incívicos, así que intento evitar las horas de más aglomeraciones.

El hogar

Empecé la cuarentena el día 12, antes del estado de alarma. Ese fue el último día que salí a hacer la compra. Tengo la suerte de vivir en una casa grande, con luz natural y con terraza en la parte de atrás.

La he pasado bien acompañada por mi novio, Púa la chuchainas, y la gata-okupa que apareció por mi terraza en febrero y que decidió quedarse aquí, y a la que hemos bautizado como Kiwi. Tiza estaba, y está, en casa de mis padres cuando pasó todo esto. Justo ese fin de semana iba a por ella y al final lleva allí meses. La echo muchísimo de menos.

El trabajo

Sin comentarios. Se me cayeron un par de proyectos y mi novio perdió el suyo. Otro proyecto que tengo creí que se aplazaría por tiempo indefinido, pero por suerte no fue así y estoy a punto de entregar la primera parte (y además disfrutando mucho con las ilustraciones, el texto es una gozada).

Los primeros días estaba asimilando todo, por lo que no estaba demasiado preocupada, pero con el paso de los días ya me empecé a agobiar con todo el tema económico. Tenemos la suerte de haber aguantado bien y no habernos faltado de nada. Ahora parece que empiezo a ver la luz al final del túnel, pero veremos cómo se da este verano y si me sale alguna cosa más, que espero que sí.

Los días (raros)

Si algo positivo he de sacar es que he vuelto a practicar yoga, cosa que mi espalda y mi cabeza ya están agradeciendo, y he aprendido que se puede hacer pizza casera en la sartén. Esto último es bueno o malo según se mire, porque ahora todos los domingos se cena pizza (y los viernes tortilla de patatas, pero esa tradición ya la teníamos de antes).

He aprovechado para hacer un par de cursos de Domestika que tenía pendientes, actualizar el portfolio de la web, arreglar las plantas de la terraza, limpiar, hacer recetas nuevas… He tratado de mantener una rutina y de establecerme horarios. Me ha resultado fácil porque ya estoy acostumbrada a trabajar en casa y lo tengo muy interiorizado.

También pasé aquí mi cumpleaños, y ese día lo celebré yendo a comprar al súper y comiendo. No tenía tarta pero le puse una vela a una magdalena.

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Hoy fui a hacer la mega-compra para los próximos 10 días y la cajera me llamó “señora”, yo creo que ha adivinado que soy un año más viejuna. Para compensar, mi vecina nos ha dado magdalenas caseras, y a falta de tarta le he puesto una velita a una de ellas para poder soplar. Además, el “pariento” me ha dicho que me llevaba a comer donde yo quisiera y le he dicho que a Jacinto (aquí tenemos costumbre de nombrar a las habitaciones). Jacinto es la habitación-salita, donde el sofá y los libros. Pues bien, fuera estructura de sofá-cama, colchón en el suelo con colcha viejuna, y a comer paella encima a modo de picnic. Bueno, paella exactamente no era, más bien arroz con cosas, que no le eché alcachofas y le puse pimiento, y eso para los puretas es un sacrilegio y me quitarían el carnet de valenciana de bien. Y picnic pues tampoco era, porque eso es al aire libre y no hemos abierto ni la ventana. En fin, os dejo que me voy a soplar una vela encima de una magdalena y a que Púa me ladre el cumpleaños feliz 🐶🎂🥳

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Y bueno, como a mucha otra gente, esto nos pilló sin mascarillas para ir a hacer la compra o a la farmacia, estaban agotadísimas. Así que los primeros días me dediqué a investigar cómo coserlas en casa y de qué rellenarlas. La Casita de Wendy compartió por Instagram varios tutoriales y cosí tres con una tela roja de lunares: protegida y cuqui a la vez. Las rellenaba con una compresa (¿quién me iba a decir a mí que usaría compresas para ponérmelas en la cara?), que no será lo mejor del mundo pero ante la falta de medios algo protegía. En casa nos quedamos dos y la otra se la di a mi vecina.

Porque esa es otra, mi vecina y yo nos hemos pasado la cuarentena haciendo trapicheos gastronómicos por el balcón. Ella nos ha pasado crema de verduras, coliflor al horno, macarrones, bizcochos… Yo le he pasado paella, fruta, tiramisú… Y esquejes de plantas, como no. A ella se le murieron algunas este invierno y ya le he repoblado el patio.

La cabeza

Creo que coincidiremos muchos en que todos los días han sido una montaña rusa. Podía estar a tope de energía y luego pasar a estar en la mierda en cuestión de minutos. Eso sí, la primera semana, incluso días antes del estado de alarma, fue horrible emocionalmente.

Un resumen perfecto de las primeras semanas podría ser: levantarme, hacerme el café, y ponerme a llorar como una magdalena por la irresponsabilidad de la gente que había salido de sus ciudades a segundas residencias en la playa. Mis padres viven en uno de esos pueblos de la costa que recibe a tantos y tantos turistas, y de esa manera tenían probabilidades de contagiarse, ingresar en la UCI y no volver a verles (así me montaba yo mi película). Luego calmarme, ver vídeos de algún curso y estar súper motivada, después hacer yoga y relajarme, ducharme, comer algo, abrir la web de un periódico y echarme las manos a la cabeza y preocuparme por la cantidad de fallecidos y por cómo lo estarán pasando sus familias. Después de eso, ponerme a trabajar, jugar con las becarias y pasármelo bien, volver a preocuparme por mis padres, ponerme música animada y bailar haciendo el tonto, hacer videollamadas con amigos de Madrid y que me cuenten casos cercanos o que alguno de ellos tuviera síntomas y le mandaran encerrarse en una habitación. Para terminar el día, cenar, jugar a algún juego de mesa o ver alguna peli y dormir.

A esto también hay que sumarle la primera vez que salí a hacer la compra después del confinamiento y volví con ansiedad. Me impactó entrar al súper y ver que estaba arrasado, que pasabas por la sección de la carne y el pescado y estaba vacía (¡menos mal que en casa no comemos animales!), la de arroces y pasta igual, los congeladores vacíos… Y acabé volviendo a casa con la mitad de las cosas de la lista de la compra y como si me hubieran pegado un puñetazo en el estómago. También os digo una cosa: a día de hoy sigo sin saber el por qué de la compra compulsiva de papel higiénico.

Me ha costado mucho concentrarme a la hora de trabajar, y había días que dejaba de hacer cosas que tenía anotadas. Estuve unos días en los que la cabeza me pedía relajación y le hacía caso. Hice el reto del #sixfanartschallenge por distraerme y no pensar en el trabajo ni en la situación.

Había días también que no salía a aplaudir a las 20h, y no porque no reconozca el gran esfuerzo de todo el personal sanitario (y el de limpiadoras, empleados de supermercado, repartidores, etc), sino porque estaba más apática de lo normal y no me veía con fuerzas.

El ahora

A pesar de todo, disfrutaba con el silencio en las calles. Se podían escuchar cantos de pájaros que hasta ahora no había escuchado. También era muy placentero el bajar a Púa por las mañanas y no respirar humo de coches. Ahora han vuelto y, por una parte, creo que necesitábamos que las cosas volvieran poco a poco a normalizarse, pero por otro me gustaban esos días en los que los pájaros habían sustituido al ruido de los coches, se podía respirar bien, y no te encontrabas mascarillas ni plásticos tirados en el suelo.

Podríamos haber aprendido mucho de estos dos meses pero me temo que volveremos todos a las prisas, al estrés, al consumismo loco de antes… Ojalá cambie algo, por poco que sea, pero no tengo yo demasiada fe. Me podéis llamar pesimista si queréis.

Y hasta aquí la entrada, que pensaba hacerla más corta pero al final me he extendido muchísimo. Contadme en los comentarios si coincidís en algo conmigo, si habéis tenido otras sensaciones, etc.

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2 comentarios en “Los días raros: Coronavirus, pandemia y confinamiento”

  1. Por una parte, yo también echaba de menos esta relativa “normalidad”… pero, por otra, ahora echo de menos la tranquilidad del confinamiento; estar en la terracita sin escuchar el ruido de los coches y ver como la ciudad respiraba y descansaba totalmente vacía. Han sido unos meses raros y ahora me parecen más raros todavía. Zaragoza está llenísima, y aunque en general la gente lleva mascarilla, el hecho de no poder guardar la distancia de seguridad me pone muy nerviosa. Procuro no salir más de lo necesario en horas punta, pero ya he vuelto a trabajar de forma presencial y atravesar el centro un par de veces al día es inevitable. Todavía no me atrevo a coger el transporte público.

    En fin, sólo nos queda esperar a ver qué nos depara el verano. Te deseo lo mejor laboral y anímicamente. Y ojalá pronto puedas volver a abrachuchar a Tiza, ¡que menudas vacaciones se está pegando ! 😛 ¡Ah! Y me ha encantado poder ponerle nombre por fin a la gata-okupa… ¡hola Kiwi! <3

    1. ¡Hola bonica!. Yo ya me aventuré a pillar el metro el otro día para ir a la presentación del libro de un amigo. Muy raro todo estar en la librería escuchándole hablar a una pantalla porque era retransmitida en directo. Me pasa como a ti, me da un poco de ansiedad estar en la calle y cruzarme cerca con gente, más aún teniendo la posibilidad de poder apartarse un poco y no hacerlo porque les dé igual todo. Y ya lo de la mascarilla ni te cuento, por donde vivo lo normal es que no la lleve ni el Tato, en fin… Miles de muertos, familias que no han podido despedirse de los suyos, dramas en las residencias de ancianos, cierre de negocios, gente que ha perdido su trabajo… aún no ha sido suficiente para que la gente se lo tome en serio, o ya se han olvidado y quieren hacer “vida normal” cuanto antes y están como si no hubiera virus. Poco nos pasa.
      Veremos a ver cómo transcurre todo, de momento mi único plan es ir a ver a mis padres y abrazar fuerte a Tiza, ¡que ganas!.
      ¡Un abrazo, y cuídate!

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