Aunque no he ido a ningún sitio en especial, sí me he tomado algunos días de descanso este verano en mi pueblo y alrededores (tampoco muchos, que tocaba trabajar). Reconozco que me considero afortunada por ser de un pueblo con playa y montaña cerca.

Aunque desde fuera no lo parezca, el trabajo de ilustradora puede ser especialmente complicado a veces. Echas muchas horas, trabajas incluso fines de semana, y a la vez tienes que gestionar el correo, buscar clientes, enviar facturas, promocionarte… Y claro, si no quiero estallar y acabar bloqueada, tengo que parar de vez en cuando. Desconectar unos días y volver a los orígenes me sirve para recargar energías, poner la cabeza en orden de cara al nuevo curso, y ver con perspectiva cómo ha ido el último año.

Una de esas cosas que me he propuesto es actualizar más el blog, al menos una vez por semana. Ahora con las redes sociales parece que los blogs estén muertos. Si queremos compartir un proceso, una reflexión, o algunos consejos, lo tenemos fácil publicándolo en Facebook ó Instagram. El problema que le veo es que todo eso se perderá como lágrimas en la lluvia, y cuando quieres volver a leerlo ya no lo encuentras. En mi caso prefiero tenerlo todo recopilado y a mano aquí, y con la posibilidad de desarrollarlo más. Así que espero veros a menudo y que lo que leáis os resulte interesante.

Y, para empezar, os dejo un resumen en fotos de lo que ha sido el verano, que me gusta a mi presumir de mi terreta. Prometo que el resto de entradas tendrán más interés. Por ejemplo, la semana que viene os contaré qué objetivos me he marcado para los próximos meses.

Vivo enamorada de Altea y su casco antiguo.
Alguna vez me gustaría vivir en una de estas casitas blancas.
También vivo enamorada de las casitas de colores de La Vila Joiosa.
Ir al Low Festival se ha convertido en mi tradición del verano.
Lo primero que pensé al ver esto fue cuánta gente habría en ese momento haciendo pis en el agua.
Mi primer intento de paella. Arroz con cosas para los puretas. Era mejorable pero se dejaba comer.
Descubrí este detalle en una casa que me recordó a algunas calles de ciudades italianas.
¡Muy fan de este balcón!
El Puig Campana.
Necesito esta placa para casa.
Subir a la montaña a donde Cristo perdió la zapatilla y encontrarte con madroños y vegetación típica de bosque mediterráneo, ¡sorpresa!.
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