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Imagino que a estas alturas ya sabéis lo que es el síndrome del impostor, o tal vez os suene de algo. Para los que no estéis familiarizados, viene a ser el pensar que tus logros se deben a un simple golpe de suerte y no por tu esfuerzo y trabajo, y tienes el temor de que alguien te descubra como el fraude que crees ser. ¿Queda más o menos claro?, ahora seguro que habrá quien se identifique y le haya pasado.

Durante mucho tiempo he tenido que convivir y batallar con él, sobre todo en mis comienzos. Cuando te escribían porque habían visto tu trabajo y les encajaba en ese momento, por un lado era motivo de alegría pero por el otro empezabas a pensar que te quedaría grande, que no estarías a la altura porque cualquier otro lo haría mejor, que te habían llamado a ti por simple casualidad…

¿Y por qué creo que me pasaba esto antes tan a menudo?. Yo creo que los motivos son varios (y, ahora que lo pienso, son bastante absurdos):

  • Estudiar Bellas Artes en lugar de un ciclo de ilustración. En Bellas Artes vi un poco de todo pero no profundicé en nada, y creo que tenía ese estigma de no estar bien preparada. Tener complejo de no saber trabajar técnicas, de no saber narrar en imágenes, de no saber exactamente cómo armar un buen portfolio…
  • Cuando me entraban encargos pensaba a veces que me llamaban porque otros ilustradores mejores que yo les habrían fallado y yo era el último recurso.
  • Las redes sociales pueden “hacer mucho daño”, y lo pongo entre comillas porque las demonizamos cuando en realidad el problema está en nosotros. En ellas se muestra la parte bonita, nuestros mejores trabajos, y pensamos que a los demás les va mejor, que lo que hacen es excelente, que consiguen proyectos interesantes… Y podía llegar a creer que ellos son válidos por méritos propios pero yo no porque mi trabajo no era bueno.
  • Me comparaba mucho con otros compañeros que tenían una carrera relativamente exitosa. Eso me frustraba bastante porque a mi incluso me costaba encontrar clientes, y esto me hacía pensar que no era buena para esto.

¿Y cómo lo sobrellevo?

Si bien es cierto que esto puede pasar en cualquier momento, no sólo cuando estás empezando, en mi caso era más frecuente al comienzo, cuando más inseguridad tenía, aunque aún no me he librado del todo. He de confesar que cuando me entró el encargo del libro Rapunzel con piojos tuve algunos pensamientos del tipo “guau, me han encargado ilustrar un libro de El Hematocrítico, a mí, ¿pero por qué?, madre mía, lo voy a hacer mal, no voy a estar a la altura, ¿dónde te estás metiendo?, ¿y si no eres capaz de hacer algo medio decente?, esto te queda grande, no has hecho bien aceptándolo…”.

Lo bueno de ganar seguridad y experiencia con los años es que reconoces este tipo de pensamientos y enseguida les pones freno. Y la mejor manera para ignorarlos es centrándote en el trabajo que tienes entre manos, esa es su kriptonita. ¿Que vienen esos pensamientos a tu cabeza?, déjalos marchar, ves a otra cosa, haz tus tareas pendientes y verás cómo le vas restando importancia. Piénsalo por un momento, ¿qué es lo peor que podría pasar si ese trabajo sale mal?. No te volverán a llamar, seguramente, y es probable que ni siquiera lo muestres en tu portfolio. Pero es más probable que nada de eso pase, así que céntrate en dar lo mejor de ti en el tiempo que dure el trabajo.

Algo que también me ha ayudado a alejarlo ha sido planificarme y tener metas. Anotar qué cosas quiero hacer, a dónde quiero llegar, qué tipo de encargos quiero, con qué clientes me gustaría trabajar… Eso me permite enfocarme en unos objetivos concretos. Cuando todo eso, con el tiempo, me va dando algunos frutos es cuando me doy cuenta de que no son casualidades ni golpes de suerte, y es cuando empiezas a confiar más en tus capacidades.

Aunque sé que en trabajos creativos es difícil librarse de este tipo de pensamientos y que no desaparecen del todo, cada vez me veo más capaz de hacerles frente y ahuyentarlos. Y vosotros, ¿cómo lo lleváis?.

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2 comentarios en “Hola síndrome del impostor: te odio bastante”

  1. Yo lo llevo fatal Mar, fatal. Mi síndrome del impostor a veces incluso rechaza trabajos e incluso se alegra sino los consigo, porque total, no iba a poder hacerlos ni medianamente bien. Un desastre, Mar, ya te digo..

    1. Vaya Eva, menuda mi****. Oye, que cuando quieras quedamos para merendola y nos contamos nuestras penas y alegrías, que ya va tocando. ¡Un besote!.

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