Creo que coincidiremos en que este ha sido un año para olvidar por motivos obvios. Yo estoy deseando que termine porque, haciendo balance del año, en general ha sido una shit pinchada en un palo, principalmente por el maldito Covid-19 y todo lo que ha acarreado. Aunque también ha tenido sus cosas buenas y procuro centrarme en lo positivo, como el no lamentar la pérdida de ningún ser querido. Sólo espero que 2021 se porte algo mejor a pesar del panorama.

Estos días he estado escribiendo esta entrada a ratos, revisando notas, calendario y fotos, para dejar por escrito el balance del año 2020 para mí. Vamos allá.

Trabajo / Libros

El 2020, a pesar de todo, ha venido cargadito, aunque un par de ellos salieron unos días antes del confinamiento y otros tantos se retrasaron. La colección de Julia & Paco (escritos por Begoña Oro y publicados por Beascoa) vio la luz el 12 de marzo con los dos primeros títulos, La escuela Sabana y Un nuevo amigo, pero justo el 14 nos confinaron y no empezaron a tener recorrido hasta que volvieron a abrir las librerías. También salieron Excelentísima Caperucita (El Hematocrítico, Anaya) y O misterio dos fillos de Lúa (Fina Casalderrey, SM/Xerme) pero en el mes de junio, no en marzo y abril respectivamente como estaba previsto.

Ya en septiembre salieron Julia & Paco: El cumpleaños de Julia, y el primer libro de la colección Os Minimortos, editado por Xerais y con un texto de Ledicia Costas que es una gozada. Para enero de 2021 saldrá el segundo de la colección y también saldrán en castellano y catalán de la mano de Alfaguara y con un diseño diferente, que ya he podido ver en maqueta y tiene una pintaza increíble. También saldrán más cosas pero no puedo adelantar nada de momento.

En un año normal hubiera podido contaros más, pero en marzo/abril se me cayeron un par de proyectos. De todos modos, parece que a partir de septiembre se empezó a animar todo más. De hecho, de septiembre a diciembre han sido meses de muerte y destrucción, sobre todo noviembre, que no sé ni cómo sobreviví. En septiembre hice el Inktober para ir mostrándolo en octubre, mes en el que empecé cerámica de nuevo y comencé a trabajar en el segundo libro de Os Minimortos. En noviembre hice los finales de ese libro, a la vez que me llegaban los calendarios que fui cortando, firmando y guardando, me monté la tienda online (que tiene tela…), me hice una newsletter, preparé un montón de envíos…. Y a pesar de todo sigo viva.

Exposiciones

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Exposición de Rapunzel con piojos, en el Centro Cultural Aiete de San Sebastián.

El año empezó bien, ya que sin esperarlo me contactaron para hacer una exposición en el Centro Cultural Aiete, en San Sebastián, sobre el proceso de Rapunzel con piojos. Empezó el 4 de febrero y la prorrogaron hasta finales de abril, pero finalmente se pudo ver durante poco más de un mes por el confinamiento. Una pena.

No fue hasta este mes de diciembre que volví a exponer. Gracias a La habitación de Martina que me hizo la propuesta, desde principios de diciembre y hasta enero se puede visitar CINEMA GATUNO en Maye’s Bistró. Se exponen ver reproducciones de algunas de las ilustraciones de la serie de gatos y cine del pasado Inktober. Los que seáis de Madrid podéis pasaros todavía por la Avenida Santuario de Valverde 4, ver la exposición y ya de paso, comer allí.⁠⠀

Y para terminar, volví a ser seleccionada para la exposición Babalunga i Kamolongos, dentro del festival Baba Kamo. De nuevo, se hace en el Centre del Carme Cultura Contemporània y está hasta el 31 de diciembre, si estáis por Valencia aún podéis pasaros. Fui seleccionada con una de las ilustraciones de Excelentísima Caperucita.

Entrevistas

De nuevo, hice una entrevista radiofónica en À Punt Ràdio, en el mes de agosto. Y, de nuevo también, me inventaba alguna palabra que otra en valenciano (yo lo intento hacer bien, que conste). También hice un par de entrevistas para blogs, el de Cucatraca, el de Nika Vintage y el de Dinahosting. Podéis escucharlas y leerlas todas pinchando en:

Becarias

Este año ha habido un nuevo fichaje: Kiwi, la gata de la paciencia infinita que pone a prueba la nuestra. Y la historia de cómo llegó hasta nosotros es muy curiosa: Tiza se quedó en casa de mis padres después de Reyes, para que la disfrutaran un tiempo más. Mi idea era volver a principios de febrero para verles y traérmela de vuelta. Pero esos días comenzamos a ver un par de gatos en el patio del vecino de abajo, uno enorme y otro más pequeño. Pues bien, el pequeño resultó ser una gata joven que un día descubrió cómo subir hasta la terraza, entró en casa y se instaló, y hasta el día de hoy.

Tengo pendiente contar la historia de cómo nos la quedamos, de las circunstancias en las que vino, de su salud… Pero eso será en otra entrada. Ahora, muy a pesar de Tiza, hay otra becaria más. Sigue en la línea de las otras dos: dormir, hacer el mal, soltar pelos, entorpecer el trabajo… ¡No me las sé buscar trabajadoras!.

Sobre Tiza y Púa, están las dos bien. Tiza pasó por una limpieza de boca para eliminarle el sarro y que no le dé problemas más adelante. Reconozco que tenía mis dudas sobre si hacérsela, porque se hace con anestesia general, pero la opinión de dos veterinarias distintas era que convenía hacérsela. Digamos que el día de la limpieza no fu su mejor día, ni el mío, pero a la mañana siguiente ya estaba como si nada.

Púa tuvo una gastroenteritis bastante fuerte allá por junio, después de uno de sus paseos por la huerta empezó a vomitar muy seguido, con diarrea, y cuando en uno de los vómitos le vimos sangre la llevamos enseguida a la veterinaria. Se pasó como 10 días medicada y con algunas visitas más para que le pincharan medicación, pero se recuperó bien. Desde entonces voy menos a la huerta, le he cogido un poco de miedo y cuando la llevo voy con mil ojos por si come algo o le mete el morro a alguna hierba.

Datos irrelevantes

Ahora sí, llegó el momento que estabais esperando y por el cual os habéis leído todo: datos que no importan a nadie pero que queréis saber.

  • Como al 90% de la población, me dio por buscar recetas durante el confinamiento. En casa no tenemos horno pero yo tenía ganas de pizza, y me puse a buscar si era posible hacer pizzas en la sartén, al fuego. Pues bien, la respuesta es SÍ, maldito el momento en el que lo descubrí… Conseguí encontrar harina y levadura, que allá por el mes de abril era como conseguir sangre de unicornio virgen, y me puse a ello. La parte buena es que salió bien. La parte mala es que salió bien. Ya se ha convertido en tradición comer paella arroz con cosas y cenar pizza los domingos, igual que se convirtió en tradición cenar tortilla de patatas los viernes. El colesterol bien, creo… Como se puede comprobar en la foto de arriba, hambre no hemos pasado.
  • También durante el confinamiento me dio por los videojuegos, sin ser yo nada de eso. Estuve jugando a un Tomb Raider en el que Lara Croft era joven y su barco naufragaba. El problema que tenía es que no conseguía matar a los malos, así que hice equipo con el pariento y yo iba pegando botes y explorando por ahí y él mataba a los malos. Estaba visto que no era el tipo de videojuegos que se me iban a dar bien. Más tarde jugué al Child of Light, que visualmente es muy bonito y además el sistema de combate es por turnos y me lo podía tomar con calma. También he jugado al Spiritfarer, en donde una niña y su gato sustituyen a Caronte, el barquero que lleva a las almas. Tienes que ir navegando y cumpliendo misiones y peticiones, a la vez que construyes casas, terrenos para plantar y otras construcciones como un telar o un aserradero (sí, todo eso dentro de un barco). Además no hay combates ni nada de eso. A ratos puede parecer monótono, pero si te lo montas bien y te organizas no lo es. Tengo pendiente acabarlo. hace poco empecé con el Gylt, en donde una niña va buscando a su prima dentro de una versión siniestra de su escuela y pueblo. Me recuerda mucho el rollo al Silent Hill pero adaptado a un público más juvenil (no hay armas de fuego, sólo atacas con una linterna y un extintor). Este lo empecé y lo tengo a medias, me da un poco de miedito ese JUEGO PARA NIÑOS, cosas de la edad. El que sí me ha gustado últimamente es The gardens between, un juego para darle al coco. Trata de dos amigos que van recorriendo una serie de islas que parecen contener recuerdos que han compartido, y en donde puedes controlar el flujo del tiempo para resolver una serie de puzzles y poder avanzar. Este último lo descubrí el fin de semana pasado y me encantó, tengo que continuarlo. Y aunque parece que me haya viciado, realmente he jugado sólo algunos fines de semana.
No, se lo llevó mi amigo, que para eso mide casi 2m y con levantar el brazo agarra lo que sea, pero fue bonito tenerlo en mis manos unos instantes.
  • Una semana antes del estado de alarma fui a un concierto de Ojete Calor. Sobra decir que me lo pasé genial y que los adoro. El caso es que se vino un amigo de Madrid a verme y fuimos, y antes de que empezase recibió un comunicado de su universidad en el que avisaban de que una persona de su departamento había dado positivo por coronavirus, así que es probable que él hubiera tenido contacto. Si lo pienso ahora, después de todo lo que ha sucedido, fue un riesgo innecesario ir y una irresponsabilidad. Pero bueno, en ese momento no teníamos claro la magnitud de todo esto y por suerte no nos pasó nada, que me quiten lo bailao como se suele decir. Además me desgañité berreando Bailar pegados y le toqué el pie izquierdo a Carlos Areces en el momento barcas. Me dije que nunca más me lavaría la mano, pero con eso de tener que lavárselas mucho por el Covid-19 no era compatible.
  • Me convertí un poco en balconazi, las primeras semanas de confinamiento me sentaba a mirar por la ventana y murmuraba cosas feas cuando veía a los vecinos de la urbanización de enfrente (que, casualmente, eran los mismos todos los días) salir y volver con la bolsita de la compra vacía debajo del brazo, o salir a tirar una bolsa de basura que no estaba ni a la mitad… Reconozco que entendí el placer de ser vieja del visillo.
  • Este verano no he tenido plaga de ningún tipo en las plantas de dentro de casa (sí que hubo bajas por el calor), pero sí que tuve una de cochinilla algodonosa y de cochinilla lapa a la vez, un combo mortal literalmente. He tenido muchas bajas en las crasas y cactus (aunque de la mayoría pude sacar esquejes) y todavía, a pesar del frío, no he conseguido eliminarlas del todo. Las estoy eliminando con algodón empapado en alcohol y rociándolas con jabón potásico y aceite de neem, que se me ha dado muy bien para las plagas dentro de casa, pero las indeseables estas no se terminan de ir.
  • Hablando de plantas, este año me he enamorado de los Philodendron. Compré un Philodendron scandens un día que fui a hacer la compra y lo vi, y he ampliado la familia con dos de sus variedades (brasil y lime) y un esqueje de Philodendron birkin white wave que aún no tiene vetas blancas en sus hojas, pero espero que en primavera crezca y me dé alguna.
  • Se ha abierto un portal interdimensional de pelusas en casa, da igual que barras, pases la mopa o aspires, siempre hay. Pero oye, que no creo que las tres becarias tengan nada que ver, es lo del portal seguro, ¿verdad que sí?. Necesito uno de esos aspiradores redondos que van dando vueltas por casa, y llamarlo Paquito.
  • Una furgoneta robada le pasó a mi coche por encima de madrugada, estando aparcado. Intentaron robar la moto de un vecino y cargarla en la furgoneta, les pillaros y echaron marcha atrás, destrozando 10 coches. Os podéis imaginar lo divertido que llegó después: poner denuncia, ir detrás del seguro, hacerme cargo del papeleo con el consorcio, taller… Se prolongó durante cuatro meses hasta que me lo arreglaron y el coche sigue teniendo achaques y haciendo ruidos raros.
  • Por motivos obvios, he visto a mis padres y a mis amigos mucho menos de lo que me hubiera gustado, y por supuesto tampoco he ido a verlos estas navidades. Pero como diría aquella niña tan sabia, es mejor eso que morirse.
  • Este año he echado mucho de menos escaparme un fin de semana a Madrid a ver a amigos, espero que en algún momento de 2021 sea seguro ir y dar abrazos.
Para el año que viene le quitaré esa caja forrada de papel que improvisé para tapar el horrible pie.
  • He tardado 36 años pero al fin he montado un árbol de Navidad como toca en mi propia casa (lo de montarlo de peque en casa de mis padres no cuenta). Encontré un árbol de esos de ramas tupidas por Wallapop por muy poco dinero, y entre algunos adornos que tenía y otros tantos que compré, se nos ha quedado un árbol bien bonico. Ya el año pasado me quedé con la espinita de poner uno, y este año al no pasar las fiestas con mis padres quería poner uno en casa. Además mi madre y yo lo montamos en el mismo día y nos íbamos pasando fotos del proceso. El pariento me echará en cara toda la vida lo de meter un trasto más en casa.
  • Este año descubrí la aplicación de 1 Second Everyday, que es algo así como un diario en vídeo en donde grabas un segundo al día y luego puedes hacer un resumen del mes, por ejemplo, o de la semana, o de las fechas que elijas. Lo intenté poner en práctica en mayo/junio, pero sólo completé julio. Hasta octubre que volví a retomarla no me tomé más en serio eso del diario en vídeo. Este 2021 quiero empezar a hacerlo desde enero.

Y aquí lo dejo, rezándole a las Diosas que este 2021 sea mejor. Ya ni siquiera os deseo un feliz año, tan sólo espero que se porte mejor. Ni siquiera me he hecho propósitos por la incertidumbre. Para terminar, os dejo tres canciones que, por letra o por título, podrían ser parte de la banda sonora de este 2020 a olvidar. Lo dicho, que el 2021 se porte bien.

8 comentarios en “Mi balance del año 2020”

  1. Gracias por tu resumen anual. Oye, tampoco ha ido tan mal, ¿eh?
    Yo doy gracias por haberte conocido y entrevistado para mi blog. Y me alegro que hayas puesto en marcha el consejo que te di. Ya estoy suscrita

  2. ¡Se me ha pasado el año volando y al mismo tiempo me da la sensación de que Kiwi lleva contigo toda una vida, no menos de un año! Yo también aproveché el confinamiento para experimentar en la cocina, y no sé si fue bueno o malo porque ahora cada mes hago un bizcocho o galletas xD ¡Y me acabas de crear la necesidad de tener una Philodendron!

    ¡Un abrazote!

    1. Al menos es cada mes, lo mío es cada semana, ¡el horror!. Y sí, lo de Kiwi ha sido tan intenso que también tengo la sensación de que está con nosotros hace un montón de tiempo.
      ¡Besotes!

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