Esta entrada tiene poco de relevante, es más de tipo personal, pero me apetecía hablar de mis becarias, esas tres peludas de cuatro patas que he ido adoptando para que me ayuden con la faena pero que en realidad, ayudar, ayudan poco. Y tampoco me importa, porque ahora mismo no concibo mi vida sin ellas.

Por Instagram ya las habréis visto a menudo, ya que calculo que el 70-80% de las stories que subo son de las becarias. Además, la relación Tiza-Kiwi ha sido el culebrón del verano, con sus altibajos, sus bufidos, sus bofetones, sus intentos de jugar para luego volver a las miradas de odio… Me han tenido muy entretenida, pero ya parecen tolerarse e incluso hacer algún amago de jugar (un poco a lo bruto, pero jugar al fin y al cabo).

Tiza

Tiza llegó en 2014, y es la becaria jefa. Bueno, en realidad es la jefa de todo. Ese año estaba todavía viviendo en Madrid y compartiendo alquiler. Entonces mi compañera de piso, sabiendo que me gustaban los gatos, me comentó que en la casa de un amigo suyo de un pueblo de León había dado a luz una gata y que querían buscarles casa a los gatitos. Entonces me empezó a enseñar fotos de los enanos: eran dos rubios y dos blancos. Y claro, me enamoré de ellos. La idea de tener un gatete me rondaba desde hacía años, pero era justo en ese momento cuando me veía con posibilidades de adoptar uno (básicamente, que el casero nos dejaba tenerlo). Así que dije que me quedaba con uno. Y como los blanquitos eran los que más me llamaban la atención decidí que sería uno de esos. Así que un 6 de julio se presentó mi amiga/compañera de piso con un transportín que llevaba una bola de pelo blanca dentro. Esta bola:

Tiza se pasó la primera noche detrás de la puerta del baño, sin salir. Al día siguiente empezó a coger algo de confianza conmigo, y hasta el día de hoy. Fue la última de la camada en nacer pero la que daba caña a todos sus hermanos, ya se intuía que tenía carácter. Me hizo gracia que tenía algunos pelos negros en un par de partes de la cabeza (se ven un poco en las fotos de arriba), pero con los meses se le quitaron.

Tiza es muy especial, tiene su forma de ser y hay que entenderla. Sólo hay dos personas en el mundo que le caen bien: mi madre y yo. Del resto no quiere saber nada. Probablemente, si intentas acercarle la mano más de lo que ella permita te llevarás un bofetón y algún bufido. A mí me deja cogerla en brazos y manipularla algo más, pero como ella no quiera me llevo un bocado. Sin embargo, tengo un vínculo muy especial con Tiza que no sabría explicar, pero ahí está. Me siento una privilegiada por haberme elegido como persona de su confianza.

Púa

Púa llegó a casa como el típico caso de animal en adopción que se comparte tropecientas veces. Ya nos estaba rondando por la cabeza adoptar un perrete, pensaba que Tiza se adaptaría mejor a un perro que a un gato por aquello de que los gatos son muy territoriales (SPOILER: no, a Púa también la odia). Estaba en una protectora de un pueblo de Albacete, la encontraron andando por una carretera, aún con el collar y la correa colgando. Nadie la reclamó, así que pasó a formar parte de los perretes en adopción. Así que empezamos los trámites, formularios, etc, hasta que nos dijeron que sí y nos la pudieron acercar en un viaje solidario. Recuerdo meterla en el coche y que estuviera asustada y confusa.

Nada se sabe de su anterior vida, pero intuimos que la pasó encerrada en el mismo sitio y que en ese lugar comía, dormía y hacía sus necesidades, porque tardó meses en pillar que su baño era la calle, no la casa. Recuerdo perfectamente que la primera excursión que hicimos con ella fue a las dos semanas de adoptarla. Nos fuimos a la montaña y estuvo desde las 8 de la mañana a las 4 de la tarde sin hacer nada de nada. Eso sí, fue llegar a casa y soltar todo.

Fotos de la protectora, del día que la encontraron.

Una cosa que me rompió fue que la chica que la rescató me comentó meses después que no esperaba que Púa fuera adoptada nunca. Tenía todas las papeletas para convertirse en una invisible más, es decir, aquellos perros que de entrada no llaman la atención desde un principio y pasan desapercibidos. ¿Cómo una chuchainas tan maja como Púa iba a convertirse en una invisible?. Que suerte la nuestra que nos fijáramos aquella noche en su caso de adopción. Ahora no quiero ni pensar en que la pobre siguiera en una protectora y se pasara años esperando. Y hay tantos y tantos perros y gatos así…

No sabemos qué edad tendrá, pero es joven, creemos que ahora mismo tendrá unos 2 años y medio. Tampoco nos importa demasiado. Tiene un carácter buenísimo, se porta genial, es simpática… Es un amor de perra, así la definiría. Y cansina también, pero juega a su favor: a base de acercarse, olerlas, pretender que le hicieran casito… se ganó la amistad de Kiwi y la tolerancia de Tiza. En su caso, el refrán de quién la sigue, la consigue es totalmente cierto.

Me encanta esta foto con su abrigo de invierno.

Kiwi

Es el último fichaje, ¡y menudo fichaje!. Apareció por casa a finales de enero, por el patio del vecino de abajo. Si estábamos en la terraza y nos veía empezaba a maullarnos y a buscar una manera de subir. Y un 6 de febrero encontró dicha manera de trepar y entrar dentro, y hasta hoy. No pareció importarle que estuviera Púa, ni que fuéramos unos desconocidos. La vimos muy confiada, así que imaginamos que se habría criado con gente y que, o bien se había escapado o bien la habían abandonado. Preguntamos por la zona pero no parecía ser de nadie. Finalmente la dejamos entrar en casa porque Tiza estaba todavía en casa de mis padres. Al principio le poníamos comida y entraba y salía a su antojo, pero con los días decidimos llevarla al veterinario: si iba a estar por la zona, mejor saber en qué estado se encontraba.

La desparasitamos, le tratamos los ácaros en los oídos, y le hicimos un análisis. A los dos días nos llamó la veterinaria con los resultados: era positiva a leucemia felina pero en niveles muy bajos, por lo que en 2-3 meses había que repetírselo porque a veces (muy raramente) su sistema inmunológico elimina el virus. Así que le empezamos a buscar una adopción porque si era positiva no podría estar nunca con Tiza. Mucha gente se interesó pero finalmente nadie se decidía, principalmente porque ya tenían otros gatos en casa y era incompatible. Luego llegó el confinamiento y pensamos en reanudar su adopción cuando todo pasara. Mientras, Tiza seguía con mis padres. Y con el paso de las semanas Púa y Kiwi se hicieron tan amigas que ya no podíamos separarlas: se buscaban, dormían juntas, jugaban, Kiwi salía a recibir a Púa cuando volvía de la calle… Se habían convertido en uña y carne.⁠ ⠀

En el mes de junio repetimos el análisis. Esa semana y los dos días de espera los pasé fatal: si era positiva no nos la podíamos quedar, y ya le habíamos cogido cariño. Además, Púa y ella eran ya muy amigas y separarlas sería un drama para todos. El día del resultado, un 18 de junio (lo tengo bien marcado en el calendario) llamé a las veterinarias a última hora, les acababa de llegar el resultado: NEGATIVA. Ni ellas se lo esperaban, no era lo habitual, pero no veas la alegría que me llevé. Ese día fue el mejor de ese 2020 tan raro. Colgué el teléfono y me eché a llorar y a abrazar a Kiwi. Debí ser muy pesada, porque normalmente se deja hacer de todo, pero con tanto abrazo empezó a huir de mi. Así que como ya se podía cambiar de provincia, pillé el coche y me fui a por Tiza a casa de mis padres y me la traje, ¡al fin!. Ahora es una gatuna feliz, que tendrá algo más de un año, y que duerme a pata suelta y con la boca abierta.

Y, como muestra de la amistad de Púa y Kiwi…

Las best friends.

Yo pensaba que Tiza sería mi única compañera de piso porque es muy especialita, pero no ha sido así y me alegro. Tiza no se alegra tanto. Es más, las odia a su manera y no quiere saber mucho de ellas. Pero es verdad que a Kiwi se le acerca, se huelen… y luego se pegan manotazos de una manera muy ridícula. No son amigas pero se toleran y a veces parece que se busquen.

Y si has llegado hasta aquí, ¡gracias por leer tanto!. Ahora conoces a mis tres becarias un poco mejor. Si también tenéis becarios/compañeros peludos/con plumas/con escamas, contadme.

14 comentarios en “Mis becarias”

    1. Sin comerlo ni beberlo me he juntado con tres becarias, cosas de la vida. Ya si trabajaran por mí en vez de “siestear” todo el día sería la leche, jajaja!

  1. Me ha encantado conocerlas mejor.
    Nosotras tenemos a Zazpi, la gatita influencer de instagram, jajaja
    Y hace poco teníamos también a Amelie, no han llegado a ser best friends porque no han tenido tiempo juntos. Amelie cruzó el arcoíris hace casi un año.
    Un abrazo gatuno

  2. Mira que conocía, más o menos su historia, pero me he emocionado. Qué bonito npodt Mar! Ojalá me anime yo algún día a contar las novelas de las mías!

  3. ¡Muero de amor con las fotos de Tiza-bebé! (y soy fan de su primera afición… “odiar todo”). A Púa siempre le he visto carita de buenaza y a Kiwi la he seguido de cerca por Instagram desde que hizo su aparición, ¡al final te adoptó ella a ti y no al revés! ^^ El próximo 18 de junio reclamará celebrar su día casi como un cumpleaños, jajaja. Estás muy bien acompañada, seguro que no te aburres entre las trastadas de una u otra. Yo ahora estoy esperando ese “momento idóneo” en que pueda adoptar un gatete. Tengo muchas ganas, pero al mismo tiempo me puede el miedo de la responsabilidad que conlleva.

    ¡Un besote y buen fin de semana!

    1. Pues mira, justo ahora acabo de liberar una mosca abriéndole la ventana, que Kiwi iba detrás de ella con no muy buenas intenciones, ¡jajajajajaja!. Ya llegará el momento de adoptar dos gatetes (sí, que dos es mejor :P).
      ¡Un abrazo!

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